Camino de Santiago: por la Jacetania (Aragón)

El Camino de Santiago que transcurre por Aragón se corresponde con el sendero de gran recorrido GR-65.3 y consta de 190 kilómetros, siguiendo en gran parte de su recorrido el curso del río Aragón, entre el puerto de Somport (del latín Summus Portus, el “el puerto más alto”, con 1.640 metros), en el Pirineo de Huesca, y la localidad navarra de Puente la Reina.

Aquí no tratamos de describir de forma exhaustiva el transcurso de la ruta, sino de descubrir el rico patrimonio que se halla entre estos caminos y la historia que esconde tras de si. Vamos a por la vertiente cultural del Camino…
¿Te vienes?

Un paseo por su historia

Las montañas de la comarca de Jacetania (Huesca) han sido lugar de asentamiento de diferentes civilizaciones a lo largo de los siglos: celtas, vascones, romanos, árabes… Pero, sin duda, los carolingios marcaron el antes y el después de estas tierras. El imperio carolingio salvó la cordillera y levantó el Monasterio de San Pedro de Siresa en el siglo IX. La pertenencia a la Marca Hispánica abre un largo periodo de conflictos que desemboca en la formación de los primeros condados, germen del futuro Reino de Aragón.

El rey de Navarra, Sancho Garcés III, entrega en herencia el Condado de Aragón a su hijo Ramiro I con el título de Rey, constituyéndose en el primer monarca de la Casa Real aragonesa, sobre un territorio cuyos límites coincidían básicamente con la actual Jacetania. En 1077 su hijo Sancho Ramírez hizo de Jaca la capital del nuevo reino y le otorga unos privilegios que provocan su expansión: su estratégica ubicación en un importante cruce de caminos favoreció el intercambio y la actividad comercial.

Además, la comarca empieza a recibir a los peregrinos que se dirigen a Compostela, adquiriendo gran importancia en el ámbito cristiano europeo, sobre todo con la construcción del Monasterio de Santa Cristina de Somport, la consolidación de Canfranc como punto estratégico del camino y la existencia de la propia ciudad de Jaca.

Con el tiempo, la expansión hacia el sur del Reino de Aragón desplaza el centro del poder político y económico. Los principales recursos económicos de Jacetania han sido, hasta principios del siglo XX, la ganadería, la agricultura y el contrabando. Pero llega el siglo XX, el siglo de las grandes obras, de las grandes transformaciones. La estación de ferrocarril de Canfranc es el ejemplo más claro de este desarrollo. Se construye el pantano de Yesa y otras obras que buscan el progreso pero a su vez fuerzan la crisis de la economía tradicional de montaña y provocan un proceso de despoblación.

Actualmente el turismo es el principal potencial de la comarca. Sus impresionantes recursos naturales y las estaciones de esquí de Astún y Candanchú atraen a miles de visitantes y deportistas.

Candanchú

La moderna aglomeración urbana de Candanchú (término municipal de Aísa) es heredera del antiguo hospital-monasterio de Santa Cristina de Somport, cuyos restos ocupan el extremo oriental del actual núcleo urbano. Sin embargo, Candanchú tomó el nombre del castillo medieval de “Camp d’Aljub” (o “Candalxú”), situado a 1 kilómetro hacia el sur, sobre el antiguo camino de Francia.

Desde época romana, el Somport fue uno de los pasos pirenaicos más transitados, por ser el más cómodo y practicable de todo el Pirineo Central. La vieja calzada central fue, lógicamente, aprovechada en el siglo XI como camino de peregrinación a Compostela. Disminuido el paso de peregrinos desde el siglo XVI, no perdió el camino de Somport su importancia como vía comercial entre Francia y España, reforzada con la finalización de la nueva carretera transfronteriza, en 1876.

El siglo XX trajo novedades importantes a Candanchú. La nieve, antaño temida, originó un nuevo deporte practicado por la burguesía: el esquí. La inauguración del ferrocarril del Canfranc, en 1928, facilitó la llegada de los pioneros de este deporte, que encontraron en Candanchú las condiciones ideales para practicarlo.

Ruinas del antiguo hospital priorato de Santa Cristina de Somport

Fue a finales del siglo XI uno de los hospitales de peregrinos más famosos de la Cristiandad. En la actualidad solo podemos contemplar sus restos arqueológicos, ya que al contrario que los hospitales de los Alpes o de Roncesvalles, que han pervivido hasta hoy, pese a guerras y destrucciones, el de Santa Cristina de Somport no ha disfrutado de semejante suerte.

Consta documentalmente que en el siglo XII su comunidad monástica se dedicaba al servicio de los pobres y peregrinos cuyas vidas peligraban a causa de las fieras, las nieblas y las ventiscas de nieve.

La disolución de su comunidad agustiniana en el siglo XVI, un grave incendio durante la Guerra de Sucesión y la represalia del ejército francés en la Guerra de la Independencia fueron destruyendo el antiguo hospital hasta reducirlo a los restos que encontramos hoy.

Ruinas del Castillo de Castellar o de Candanchú

Sobre un montículo, al sur del moderno núcleo urbano, se alzan las ruinas de la fortaleza levantada en el siglo XIII para el control del camino de Francia y la percepción de impuestos aduaneros. El alcaide nombrado por el monarca percibía de los viajeros un tanto por sus mercancías a cambio de despejar el puerto de nieve en época invernal. Era el llamado derecho de Rota, que disfrutó el alcaide hasta fines de siglo XVI y, posteriormente, la villa de Canfranc, hasta la construcción de la carretera.

Actualmente se conservan vestigios de la base de la torre principal y de las paredes.

Estación Ferroviaria de Canfranc

Se trata de un monumental edificio que estuvo al servicio de la línea ferroviaria transfronteriza, inaugurado en 1928. Esta estación es el ejemplo perfecto de la moderna arquitectura industrial, construida a base de hormigón, vidrio y hierro.

Tras la etapa de decadencia sufrida desde el cierre de la conexión ferroviaria con Francia, en 1970, ha sido rehabilitada recientemente para destinos hosteleros y turísticos.

Jaca

El pueblo ibérico de los Jacetanos o Iacetanos ocupa este territorio ya en el primer milenio antes de Cristo y domina el espacio existente entre el Pirineo y la ciudad de Huesca. Eran unas gentes dedicadas al pastoreo y a la agricultura, que llegaron a acuñar su propia moneda con el nombre de I. A. C. A.

En la primavera del año 194 a. C. las tropas romanas sitiaron a la ciudad-fortaleza de los iacetanos, engañándoles mediante el ardid de colocarles frente a las murallas a sus tradicionales enemigos. A partir de este momento los romanos ejercieron un importante control sobre los caminos y la economía de este territorio. A cambio de ello esta población fortificada se benefició de un ágil comercio y de la función de vigilancia en los caminos del Pirineo.

A partir del siglo X la dinastía aragonesa se vincula a la meseta jacetana y establece en Jaca la capital que necesita el nuevo reino de Aragón. Y la ciudad crece. Entre la zona de San Pedro y la zona de las actuales Benedictinas se trazan las nuevas calles y se ordenan las manzanas en torno a dos ejes principales: la calle Mayor y el vial formado actualmente por las calles Zocotín-Ramón y Cajal.

Salvadas las crisis por las pestes y los incendios que destruyen la ciudad a finales del medievo, se vive un periodo de apogeo gracias a la política intervencionista de Fernando el Católico. Las familias de mercaderes se enriquecen y fomentan un mecenazgo que beneficia la riqueza artística de la catedral.

Pero a principios del XVIII los burgueses han emigrado y el comercio decae por el bandolerismo y por la conversión de Jaca en plaza militar, de defensa de los reinos hispanos frente a las posibles invasiones francesas. Su carácter de plaza defensiva se consolida a lo largo de los siglos XVIII y XIX.

El gran momento del ensanche de la ciudad se produce en 1914, tras el derribo de las antiguas murallas medievales.

Catedral de San Pedro

Encargada por el rey Sancho Ramírez, es uno de los edificios románicos más antiguos de los reinos hispanos, contemporáneo de la catedral compostelana. La construcción original, terminada hacia 1130, se reformó en siglos posteriores, destacando las capillas renacentistas de San Miguel y la Trinidad del siglo XVI, la capilla devocional barroca de Santa Orosia del siglo XVII y las pinturas dieciochescas de Manuel Bayeu, cuñado de Francisco de Goya, que decoran el techo y los muros de la cabecera.

Castillo de San Pedro o Ciudadela de Jaca

En 1592 el ingeniero Tiburzio Spanocchi recibe el encargo de Felipe II de construir la Ciudadela de Jaca, debido a su interés por blindar el Pirineo con la edificación de numerosas fortalezas. Se trata de una construcción de planta pentagonal, reforzada con cinco baluartes artillados (Santa Orosia, San Francisco, San Felipe, Santiago y San Jorge). Se conserva en muy buen estado, incluyendo el foso perimetral y los glacis exteriores.

Castillo de Loarre

Aunque existen restos arqueológicos que documentan la existencia de fortalezas ibérica y romana, el actual castillo fue totalmente construido entre los siglos XI y XII. Completo en su silueta y también en sus estructuras principales, sorprendre la unidad de esta construcción, que no muestra ningún elemento anterior al siglo XI ni posterior al XII. Es un castillo íntegramente de época y estilo románicos, con lo cual se convierte en la fortaleza románica más importante de España y, por su situación sobre un zócalo rocoso, tal vez en la más espectacular.

El recinto es de planta irregular, con diez torres circulares y una, la de entrada, cuadrada. Cabe destacar la habilidad con la que el maestro de obra supo adaptar la construcción a los desniveles del terreno. No debe sorprender que su pieza principal sea una iglesia, ya que en 1071 la fortaleza asume la función de albergar una comunidad religiosa. Encajada entre los muros de la fortaleza, no pierde ni un ápice de su carácter.

Ruesta

En Ruesta, cerca de Sos de Rey Católico, un sendero de pequeño recorrido nos lleva a la localidad de Yesa, junto al homónimo pantano, y en Undués de Lerda el peregrino se despide de Aragón para entrar en Navarra.

Castillo de Ruesta

Importante fortaleza musulmana conquistada por Sancho Garcés en el 911. Del castillo medieval de Ruesta quedan restos significativos, entre los que destaca la torre del homenaje.

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